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Domingo, 07 Junio 2009 03:35

CARNIVALE: auténtica delicatessen televisiva

Escrito por  Publicado en Carnivale

Delicatessen

Para mí una de las mejores series de TV que ha creado HBO, solamente con los títulos de crédito ya te transporta a un mundo mágico poblado por seres extraños, donde la eterna lucha del Bien contra el Mal está a punto de estallar de nuevo; y todo ello mezclado con imágenes reales de la época en la que transcurre la acción, esos agónicos tiempos inmediatamente posteriores al crack del 29 (familias harapientas, hambre y desesperación, Ku klux-Klan, pero también baile, sensualidad y búsqueda de evasión).

Esa búsqueda de evasión encuentra su máximo exponente en la caravana de Carnivale, donde los más maravillosos y aterradores prodigios son el entretenimiento perfecto de cientos de personas al borde del abismo que ven como su triste existencia y rutina se rompe cuando aparece la feria en su pueblo.

La serie, más allá de intentar ser un fiel retrato de este contexto histórico y social, plantea la típica Batalla entre el Bien y el Mal y la lucha entre el libre albedrío y el destino. La historia también mezcla cristianismo con gnosticismo, masonismo y caballeros templarios. Además de repasar con los trabajadores y habitantes de la feria todos los tipos de freaks habidos y por haber: sanadores y algo más… (el personaje principal, Ben Hawkins), psíquicas y adivinadoras del futuro (Sofie, interpretada por Clea Duvall y su inquietante madre interpretada por Diane Salinger), hombres forzudos y bailarinas exóticas que desafían a la muerte con sus enormes serpientes, hermanas siamesas, un andrógino con mucho glamour, el hombre serpiente, un mago ciego interpretado por Patrick Bauchau y su sarcástica amante la mujer barbuda; esta pareja es sin duda uno de los puntazos más divertidos de la serie, al igual que las bailarinas de striptease y su tormentosa relación familiar, Samson, un enano que se encarga de dirigir el espectáculo a las órdenes de un misterioso personaje que habita detrás de las cortinas de una antigua y desvencijada caravana (aquel que mostrará cual es el verdadero sino del protagonista: buscar y enfrontarse al Mal en una batalla épica que puede suponer incluso su muerte…

Curiosamente el actor que encarna al pequeño director (Michael J. Anderson) es uno de los actores fetiches de David Lynch, evidentemente por su “deformidad” que encaja perfectamente en el imaginario siniestro del gran cineasta. Este gran (a nivel cuantitativo y por supuesto cualitativo) elenco de actores supuso elevar exponencialmente el coste de la serie y fue por lo tanto, su grandeza y a la vez su perdición.

La serie, producida por HBO en dos temporadas entre septiembre del 2003 al marzo del 2005, fue creada por Daniel Knauf. Además de sus enormes méritos de guión, atrezzo, etc., cuenta con la estupenda música a cargo de Jeff Beal que realiza un tratamiento de ésta más allá del típico hilo musical de una serie, encontramos en Carnivale un auténtico abanico de la música de la época y unas piezas que nos transportan al mundo circense lleno de magia y misterio, tan bien como logró hacerlo Tod Browning en su Freaks (La parada de los monstruos) o el magnífico Ángelo Badalamenti en las bandas sonoras de los maestros Jeunet y Caro (Delicatessen, La Ciudad de los niños perdidos).

Cabe destacar como ya he hecho al inicio del artículo los extraordinarios títulos de crédito, para mi uno de los mejores de la historia de la televisión, al nivel de otras joyas como Six feet under, Masters of Horror, The Twilight Zone o Alfred Hitchock presenta que son obras de arte en sí mismos. A pesar de que el primer capítulo de la serie supuso un record de audiencia en los Estados Unidos, la serie cada vez iba perdiendo el respaldo de su audiencia, probablemente porqué esta no es una serie al uso que pretende embriagar a sus seguidores con un ritmo trepidante y unas tramas cada vez más surrealistas y complicadas (24 horas y Lost serían buenos ejemplos de este tipo de series). Carnivale es un producto para sibaritas, con una estética y una recreación histórica tan cuidadas que muy pocos fueron capaces de empatizar con sus personajes y tramas. Además se la calificó de “too weird”, demasiado rara, como si eso fuera algo negativo para un producto audiovisual; al contrario, eso es un gran mérito y un auténtico disfrute para aquellos que aman las series y en este caso para los devotos de lo fantástico.

Carnivale fue cancelada después de 24 episodios (para desesperación de muchos, que en ese momento tan álgido de la trama nos sentimos profundamente defraudados).

A pesar de no contar con el respaldo del gran público, muchos fueron los reconocimientos que la industria otorgó a la serie. El show ganó 5 Emmys en 2004 y fue nominada con 10 premios Emmys entre los años 2004 y 2006 y los productores recibieron un auténtico alubión de peticiones para que la serie tuviera continuidad pero por desgracia no fue así.

Las dos temporadas transcurren en la época de la Depresión posterior al Crack del 29. Arranca con dos líneas argumentales: la primera es la historia de un chico con extraños poderes curativos llamado Ben Hawkins (Nick Stahl), que se une a una caravana de circo errante para trabajar. Muy pronto Ben empezará a tener sueños y visiones surrealistas que lo situan en un duelo con un personaje misterioso y cargado de maldad, un hombre llamado Henry Scudder que hace años fue uno más del circo y que al igual que Ben poseía unas habilidades muy inusuales.

La segunda línea argumental nos presenta a un sacerdote Metodista, el Hermano Justin Crowe (personaje interpretado de forma sobervia por Chanchi Brown), quien vive con su hermana Iris en California. Al igual que Ben, el Hermano Justin tiene sueños proféticos y visiones terroríficas acerca de un Ser Maligno. Justin está convencido de que Dios le ha asignado una tarea Santa y va hacer lo que sea necesario para llevarla a cabo (todo…). Pronto descubriremos que Justin resulta ser el antagonista de Ben.

El creador de la serie Daniel Knauf se dedicó durante años al sector de los seguros de salud, influenciado quizá por el hecho de que su padre padecía una rara enfermedad, llegando incluso a ser despreciado por su entorno debido a las deformidades que la dolencia producía en él. Pero su sueño era convertirse en guionista y con Carnivale fusionó sus dos mayores sueños: dramatizar acerca del mundo del circo, que des de pequeño le apasionaba y sobretodo sobre sus freaks a los que Daniel quería devolver su dignidad y situar en su entorno natural como auténticos artistas que hacían las delicias del público. Aunque siempre criticando esa barrera que el público levantaba entre ellos, “los normales” y los otros, “los freaks”, engendros y abominaciones de la naturaleza que al menos conseguían hacerles reír en esos tiempos tan difíciles.

Le costó horrores que algún productor aceptará el proyecto, pero finalmente lo consiguió, aunque su idea de llevar a cabo 6 temporadas nunca llegara a materializarse.

El episodio piloto, que se filmó durante 21 días, supuso ya un revés para el creador debido al enorme presupuesto que la serie demandaba y a las difíciles condiciones del rodaje. El segundo episodio no se grabó hasta transcurridos 14 meses respecto a la grabación del piloto. Los productores no veían claro que Carnivale pudiera convertirse en un producto (a nivel de rentabilidad evidentemente, ya que su alto nivel artístico es evidente).

Cuando la segunda línea argumental apareció con todo el material sobre el personaje del Hermano Justin y todo el contexto sobre la crisis de fe en esos malos momentos que los USA estaban atravesando, los productores lo vieron más claro. Pero fue la irrupción de la familia de stripers que Ben conoce en el circo y la gran sensualidad y sexualidad que aportaban a la serie lo que acabó por convencerles para apoyar a Knauf.

La historia de Carnivale que Knauf había imaginado consistía en una triología de libros de los cuales se harían 2 temporadas de 12 episodios para cada uno (muy similar al proyecto del que sí estamos disfrutando: True Blood, aunque nunca se sabe cuando se puede caer una serie… no quiero ser agorera porqué la verdad es que True Blood me ha maravillado, tanto en su saga literaria como en su versión audiovisual y además la segunda temporada va a estrenarse yaaaaaa!!!!). Evidentemente este sueño no pasó de ser una quimera creativa.

El coste económico fue realmente desorbitado: 4 millones de dólares para cada episodio! Los escenarios eran realmente complicados, la mayoría de la serie transcurre en desiertos y en ranchos de Oklahoma, Texas y Nuevo México. Además la serie cuenta con un largo elenco de actores y muchísimos medios y profesionales para realizar las grabaciones.

A todo ello debemos sumarle el minucioso trabajo de diseño, tanto a nivel histórico (recreación de la época post-crack y del mundo del circo, con sus caravanas, su mobiliario, etc.) como a nivel de vestuario y caracterizaciones, muchos de los personajes de la serie son freaks y por lo tanto se necesitaban muchas horas para caracterizarlos.

Para mi fue un gran descubrimiento y uno de los mayores disfrutes a nivel audiovisual que jamás haya experimentado, me sentí casi tan embriagada por la serie como cuando era adolescente y seguía con auténtica devoción los capítulos semanales que Telecinco emitía de la gran X Files. Y también me sentí igual de defraudada cuando dejaron de emitirla (que poca sensibilidad y poca vergüenza que tienen algunos).

A pesar de ser una serie coral los personajes son complejos y las tramas encajan unas con otras en una inmensa caja mágica.

La belleza de sus decorados, atrezzo y localizaciones es resultado de una dedicación, esmero y pasión de todo el equipo que se palpa hasta el más mínimo detalle. Es tal la sensación de verosimilitud que experimentas al verla a pesar de ser una serie con componentes fantásticos y por lo tanto inverosímiles, que en muchos capítulos llegas a sentir el viento del desierto meciendo tu pelo y el calor abrasador castigando tu piel, así como puedes casi tocar las texturas de los excitantes corpiños de las stripers y bailar al son de su erótica música, sentir como se desliza por tu garganta la delicada dulzura de la absenta que el personaje del mago bebe a menudo, notar la demoníaca presencia del Mal y empezar a pedir perdón por tus pecados y sobretodo experimentar como se eriza hasta el último pelo de tu cuerpo al ser testigo de tanta belleza, a veces grotesca, incluso bizarra, estrafalaria y extravagante, pero igualmente sublime.

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