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He tenido la ocasión de conocer, por medio del documental "The devil and Daniel Johnston", la vida de este "artista" y sinceramente, con todos mis respetos hacia su enfermedad, su "arte" deja mucho que desear. Me es imposible calificarlo como tal.
¿Arte? ¿Qué es el arte?
¿Arte? ¿Qué es el arte?
Daniel Johnston es un enfermo mental que posee la capacidad artística de un niño de 7 años. Su música se expresa puerilmente a través de acordes de guitarra mal tocados y textos que, no digo que no, rayan la genialidad tan solo en algunos casos. No obstante, la mayoría de los mismos no llegan al nivel. Tiene algunos destellos de lucidez, ciertas frases pueden parecer brillantes de lo ininteligibles que son. Uno se dice a sí mismo: "¡Caramba! Hay que ser muy inteligente para escribir algo tan sencillo y a la vez tan complicado". No nos dejemos engañar por nuestra cuerda interpretación... ¿Qué es lo que diferencia a Daniel Johnston del resto de enfermos mentales?
Sinceramente, después del documental he llegado a la conclusión que absolutamente nada lo hace ser especial. NADA.
Sinceramente, después del documental he llegado a la conclusión que absolutamente nada lo hace ser especial. NADA.
Su gran mérito es que supo estar en el lugar idóneo en el momento adecuado, como la mayoría de los "artistas" que pueblan las estanterías de los comercios. Con esta rotunda afirmación no digo que todos los artistas comercializados carezcan de arte. Como buen loco no tuvo la capacidad de discernir entre lo real y lo irreal con lo que la búsqueda de la fama a través de su arte se materializó porque creyó en la posibilidad de llegar a hacerse un lugar en el panorama artístico mundial. Y así fue. La carencia de sentido del rídiculo y la firme convicción de que su música era "buena" le llevaron a lo más alto.
¿Por qué me niego a aceptar su producto como ARTE?

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Podría ser así y me llena de preocupación y angustia ver que no existe una respuesta definida y colimada para esta cuestión. No es una ciencia exacta y todo se resume a una opinión que se basa en una experiencia la cual, a su vez, se basa en una trayectoria experimental que la vida ha ido ofreciendo.
Pero luego se presenta el tema de las ramificaciones. Para que un artista pueda ser calificado como tal, hablo desde mi punto de vista, debe ser capaz de tener muchos ángulos de visión sobre un tema y debe ser capaz de transmitirlos sin ser repetitivo u obsesivo aún siendo nuestra existencia repetitiva y obsesiva. Digamos que la vida se resume en cuatro temas fundamentales. Es verdad, la vida no es variada. La vida en ella misma es monótona y lo que rige nuestra cotidianidad es siempre lo mismo. Cada día es igual al anterior. Podemos disfrazar el acto de la manera que queramos pero nuestro inconsciente sabe perfectamente que nos estamos autoengañando mientras el tiempo va pasando esperando nuestro fin. Hay que hacer "algo" mientras la espera se hace interminable. Nos hemos inventado conceptos tales como "el trabajo", "el ocio", "la familia", "las hipotecas", "las relaciones amorosas", "los problemas" etc. que distraen nuestra atención y nos dan una "razón para vivir". El motor de nuestra vida está basado en nuestra capacidad para inventar razones por las que vivir.
Retomando el hilo conductor del artículo, afirmo que la diferencia entre el demente y el inteligente y, por lo tanto, la locura y la genialidad estriba, pese a estar a un paso la una de la otra, en la inteligencia del ser. Y por inteligencia podríamos escribir cientos de páginas porque tampoco existe la inteligencia como tal siendo también un concepto social pero para entendernos, tomaremos el concepto en el más de los sentidos.

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